Recuperación de bosque nativo en los valles de Pucón
- Jerry Laker

- hace 3 días
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En un contexto global de pérdida acelerada de bosques nativos, las buenas noticias son escasas. Por eso resulta especialmente significativo el hallazgo de un estudio publicado en Ciencia e Investigación Agraria en 2016 por Robert Petitpas y colaboradores de la Pontificia Universidad Católica de Chile: en un valle pre-andino de la comuna de Pucón, entre 1983 y 2007, la vegetación nativa no solo no retrocedió — aumentó. Y la fragmentación del paisaje, lejos de empeorar, disminuyó. En una región donde la tendencia regional apuntaba en la dirección contraria, este caso documenta un proceso de recuperación forestal que merece atención.
El estudio analizó 4.001 hectáreas de paisaje en los alrededores de Pucón, comparando fotografías aéreas de 1983 y 2007. En 1983, la cobertura dominante era la agricultura, que ocupaba el 54,7% del área. Veinticuatro años después, la vegetación nativa había pasado a ser la clase dominante, cubriendo el 49,8% del paisaje. En términos absolutos, la superficie de bosque y vegetación nativa aumentó en 375 hectáreas. Pero quizás el dato más revelador es el que tiene que ver con la estructura del paisaje: el número de parches de vegetación nativa se redujo en un 45%, mientras que el tamaño medio de cada parche aumentó un 124%. Esto significa que los fragmentos de bosque no solo crecieron en superficie, sino que se fusionaron, formando unidades más grandes y más continuas.
¿Qué impulsó este cambio? Los autores señalan dos factores principales. El primero es la contracción de la actividad agrícola: a medida que la agricultura tradicional dejó de ser económicamente viable en la zona, las tierras de pastoreo fueron abandonadas y el bosque secundario comenzó a recuperar terreno de forma natural. El segundo factor es el crecimiento del turismo y la llegada de nuevos residentes que eligieron Pucón precisamente por su entorno natural, y que en muchos casos prefirieron mantener — o incluso fomentar — la cobertura de vegetación nativa en sus predios. El área residencial creció un 670% durante el período, pero a diferencia de lo que ocurre en otros contextos de expansión urbana, estos nuevos asentamientos se ubicaron preferentemente adyacentes a la vegetación nativa, no en sustitución de ella.
Las implicancias para la conservación de la fauna son directas y conectan este hallazgo con otros estudios realizados en la misma zona. La güiña, cuya dependencia del bosque nativo ha sido documentada en detalle por investigaciones previas en el área, se beneficia de manera inmediata del aumento en la cobertura y conectividad del bosque. Los ríos del valle, cuyos bordes estaban completamente cubiertos por vegetación nativa en 2007, actúan como corredores naturales que facilitan el movimiento de fauna entre las zonas bajas y las áreas protegidas de mayor altitud — precisamente el tipo de conectividad que otros estudios de la región han identificado como crítica para especies como la güiña y el puma.
Sin embargo, los autores son cuidadosos con el alcance de sus conclusiones. El aumento en la superficie de vegetación nativa no equivale necesariamente a una recuperación de la calidad del hábitat: los bosques secundarios jóvenes que colonizaron las tierras agrícolas abandonadas carecen, por el momento, de la complejidad estructural de los bosques antiguos — los árboles de gran diámetro, los troncos en descomposición, las cavidades — que otras investigaciones en la zona han identificado como elementos indispensables para sostener comunidades de fauna diversas y funcionales. El bosque ha vuelto, pero necesitará décadas más para recuperar plenamente lo que el tiempo y la perturbación le quitaron.
Lo que este estudio sí demuestra es que la recuperación del bosque nativo es posible, y que los factores socioeconómicos que la impulsan pueden ser tan relevantes como las políticas de conservación formales.
En Pucón, fue la combinación de abandono agrícola y una nueva relación de los residentes con el entorno natural lo que permitió que el bosque recuperara terreno. Entender ese proceso es tan importante como documentarlo.
Referencia
Petitpas, R., J.T. Ibarra, M. Miranda & C. Bonacic. 2016. Spatial patterns in a 24-year period show a case of increase native vegetation cover and decrease fragmentation in Andean temperate landscapes, Chile. Ciencia e Investigación Agraria 43(3): 385-396.




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