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Diarios de un observatorio natural

Socioecología y conservación en los bosques y montañas del sur

La comunidad de carnívoros en la zona de amortiguación: hábitat, convivencia y prioridades de conservación en una reserva de la biosfera

  • Foto del escritor: Jerry Laker
    Jerry Laker
  • 31 dic 2020
  • 4 min de lectura

Actualizado: 8 jun



Las áreas protegidas son el pilar del sistema de conservación en Chile. Para los carnívoros — animales con amplios territorios, necesidades de dispersión y sensibilidad a la persecución humana — las reservas y parques nacionales rara vez son suficientes por sí solos. Lo que ocurre en las tierras privadas que los rodean es, en muchos casos, tan determinante para su supervivencia como lo que ocurre dentro de sus límites. Se espera que son precisamente estas áreas aledañas — la zona de amortiguación de la Reserva de Biosfera Araucarias — las que requieren fortalecer el grado de protección que reciben.


La tesis de maestría desarrollada por Nicolás Gálvez en la Universidad de Kent, con trabajo de campo realizado entre 2006 y 2009 en el contexto de nuestro proyecto Darwin Initiative, fue uno de los primeros estudios en abordar sistemáticamente esta pregunta para la comunidad de carnívoros de los bosques pre-andinos de La Araucanía.


El estudio desplegó cámaras trampa en un gradiente de hábitats que abarcó desde bosques adyacentes a las áreas protegidas altas — los Parques Nacionales Huerquehue y Villarrica, y la Reserva Nacional Villarrica — hasta fragmentos forestales de distintos tamaños en la matriz agrícola de las tierras bajas, acumulando más de 10.000 noches-trampa a lo largo de cuatro períodos de muestreo. Se registraron cinco carnívoros nativos — el puma, la güiña, el zorro culpeo, el zorro chilla y el chingue — además del perro doméstico, y se modeló la probabilidad de ocupación de cada especie en función de variables del paisaje como la cobertura forestal, la proximidad a las áreas protegidas y el grado de fragmentación.


Los resultados revelaron patrones claros y diferenciados entre especies. El puma y el zorro chilla se detectaron exclusivamente en bosques contiguos a las áreas protegidas y en fragmentos de gran tamaño — el puma nunca fue registrado en fragmentos menores de 728 hectáreas — lo que sugiere que la matriz agrícola fragmentada actúa como una barrera efectiva para estas especies. La güiña y el chingue, en cambio, respondieron principalmente al grado de cobertura forestal, independientemente de si el bosque era adyacente a un área protegida o se encontraba aislado en la matriz agrícola. Esto confirma que la cantidad de bosque en el entorno inmediato es el factor más relevante para la conservación de ambas especies, y que los fragmentos forestales privados — por pequeños que sean — tienen valor para su presencia. El zorro culpeo y el perro doméstico mostraron el patrón opuesto: ambos se asociaron preferentemente con la matriz agrícola, aunque por razones muy distintas.


El perro doméstico emergió como una presencia omnipresente y perturbadora en el paisaje. Su actividad fue predominantemente diurna — a diferencia de todos los carnívoros nativos, que mostraron patrones nocturnos o crepusculares — y su distribución se concentró en las tierras bajas y en la proximidad de asentamientos humanos. Sin embargo, los datos también mostraron que los perros se desplazan distancias considerables desde sus hogares, penetrando en fragmentos forestales nativos donde pueden afectar negativamente a la fauna silvestre. La única zona donde su presencia fue marginal fue en las áreas de mayor elevación adyacentes a las áreas protegidas — posiblemente porque el puma, cuya presencia en esas zonas fue consistente, actúa como un factor de exclusión.


El análisis de los patrones de actividad reveló que la coexistencia entre las especies de la comunidad se sostiene en buena medida a través de la segregación temporal. Todos los carnívoros nativos concentraron su actividad en horas nocturnas y crepusculares, evitando así el solapamiento con los humanos y con los perros domésticos. Entre las especies nativas, el chingue mostró el patrón más distinto — probablemente porque su mecanismo de defensa le permite moverse en horarios en que otras especies lo evitan. La güiña compartió horarios de actividad con los carnívoros más grandes sin mostrar diferencias significativas, lo que sugiere que puede utilizar el estrato vertical del bosque — trepando a los árboles — como mecanismo de escape ante posibles encuentros.


Las conclusiones de la tesis en materia de conservación son directas. Dado que todos los bosques en la zona de amortiguación de la Reserva de la Biosfera son de propiedad privada, la protección de la comunidad de carnívoros depende inevitablemente de la voluntad y las decisiones de los propietarios de tierras. El estudio identifica al puma, la güiña y el chingue como las especies prioritarias para la planificación de la conservación en la zona de amortiguación, y propone que la protección de los fragmentos forestales existentes — evitando su mayor fragmentación — es la medida más urgente. Como señalaba el propio autor, la región de La Araucanía es un destino de turismo de naturaleza en crecimiento, y los ingresos generados por esa actividad podrían convertirse en un incentivo económico concreto para que los propietarios privados mantengan y protejan sus bosques. Ese argumento, formulado a finales de la primera década del siglo, sigue siendo tan válido hoy como entonces.


Referencia

Gálvez, N. (2010). Priority habitats for carnivores surrounding protected areas in Andean temperate forests of Chile. MSc Thesis. Durrell Institute of Conservation and Ecology, School of Anthropology and Conservation, University of Kent, U.K.


 
 
 

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