El árbol muerto que da vida
- Jerry Laker

- hace 3 horas
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El 24 de octubre de 2023, a las 15:30 horas, una cámara trampa instalada frente a una cavidad en un tronco quemado de roble (Nothofagus obliqua), cerca del Centro de Estudios Lodge Kodkod, capturó una imagen sin precedentes: una güiña adulta con una cría recién nacida en el interior de la cavidad, con los ojos apenas abiertos. Era la primera vez en la historia que se documentaba fotográficamente a un individuo de esta especie utilizando la cavidad de un árbol muerto como guarida reproductiva.
Un artículo publicado en Ecology and Evolution en 2025 por Fernando Novoa, y el equipo de investigadores de la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad Austral de Chile recoge este hallazgo y explora sus implicancias para la biología y conservación de uno de los felinos más esquivos del continente.
La güiña (Leopardus guigna), pesa apenas dos kilogramos y habita los bosques templados de Chile y Argentina con una discreción que ha dificultado durante décadas el estudio de su comportamiento reproductivo. Se asumía que la especie construía nidos sobre árboles o entre densas matas de quila, pero ningún estudio había confirmado esta hipótesis ni descrito con precisión sus sitios de cría. El registro de 2023 cambia esa situación de forma definitiva.
Durante 65 noches de monitoreo continuo, entre el 24 de octubre y el 28 de diciembre de 2023, la cámara registró 1.793 videos y 5.405 imágenes de la hembra y su cría utilizando la cavidad como guarida. El árbol en cuestión era un ejemplar muerto en pie — denominado técnicamente un snag — cuya cavidad se había formado por procesos combinados de incendio y descomposición. La misma caviedad había sido utilizada anteriormente por un tiuque y un zorzal para anidar, en distintas temporadas. La güiña no introdujo ningún material al interior: simplemente utilizó la cavidad tal como la encontró, sin construir nido alguno.
El comportamiento de la hembra durante el período de cría reveló una logística exigente. En promedio, pasó nueve horas fuera de la cavidad cada día — cazando para alimentarse mientras amamantaba a la cría — con el período más largo de ausencia registrado en 23 horas consecutivas. La cría permaneció en la cavidad durante 33 días, hasta que el 26 de noviembre la hembra la trasladó al exterior. Según los autores, la cría tendría aproximadamente mes y medio de edad al momento de abandonar la guarida.
El estudio complementa este registro único con datos de más de 51.000 días-cámara distribuidos en cuatro regiones del centro-sur de Chile, entre 2012 y 2024. De un total de 1.830 detecciones independientes de güiña, solo el 1,6% correspondió a hembras acompañadas de crías — un indicador de la rareza con que se observa el comportamiento reproductivo de esta especie en campo. En ningún caso se registró a una hembra acompañada de más de una cría, lo que sugiere que la güiña cría habitualmente un solo individuo por temporada.
El hallazgo conecta directamente con una preocupación mayor sobre el estado de los bosques de la región. Los árboles muertos en pie son frecuentemente removidos en bosques manejados por considerarse improductivos o peligrosos, pero este estudio confirma que pueden ser recursos reproductivos críticos para al menos una especie de mamífero amenazado. La presencia de árboles viejos, en proceso de descomposición, no es solo un indicador de la salud estructural del bosque: puede ser, literalmente, la diferencia entre que una güiña logre criar o no.
Referencia
Novoa, F. J., M.Ayala, J.Infante-Varela, et al. 2025. “Tree-Cavity Denning of Güiña (Leopardus guigna) and Breeding Productivity From Camera Trap Records.” Ecology and Evolution15, no. 9: e71723.




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