top of page
kk-logo.png
Diarios de un observatorio natural

Socioecología y conservación en los bosques y montañas del sur

El turno de la noche: cómo los carnívoros nativos negocian el tiempo en un paisaje transformado



En los valles agrícolas de La Araucanía, cuando el sol se pone, el paisaje cambia de manos. Los zorros salen de sus refugios, el chingue comienza a rondar los bordes del bosque, y la güiña inicia su ronda nocturna entre los parches de nativo que le quedan. No es casualidad: es una respuesta adaptativa a un paisaje cada vez más dominado por la actividad humana durante las horas de luz.


Un estudio publicado en el Journal of Mammalogy en 2021, por Nicolás Gálvez y sus coautores, basado en más de 23.000 noches-trampa y casi 22.000 registros independientes de cámaras trampa en los alrededores de Pucon y Villarrica, documenta con precisión cómo la intensificación del uso del suelo está remodelando los patrones de actividad de toda la comunidad de mesocarnívoros nativos.


El estudio monitoreó cinco especies nativas — la güiña (Leopardus guigna), el zorro culpeo (Lycalopex culpaeus), el zorro chilla (L. griseus), el chingue (Conepatus chinga) y el quique (Galictis cuja) — junto a perros y gatos domésticos de libre movimiento, y sus principales presas. El paisaje estudiado abarca un gradiente desde el valle central, con agricultura intensiva y alta fragmentación, hasta los valles andinos con mayor cobertura forestal y menor perturbación, lo que permitió comparar directamente cómo cada especie responde a distintos niveles de intensificación.


El patrón central que emerge es claro: a mayor intensificación del paisaje, mayor nocturnidad en las especies nativas. Para la güiña y el chingue, ambos ya predominantemente nocturnos, el efecto se traduce en una reducción de su actividad crepuscular y diurna — precisamente las horas en que podrían acceder a presas como aves diurnas o realizar actividades territoriales y reproductivas. Para los zorros, cuya actividad es naturalmente más distribuida a lo largo del día, el cambio es más complejo: en paisajes fragmentados y en presencia de perros domésticos, ambas especies tienden a reducir su actividad diurna y a concentrarse en las horas nocturnas, ajustando sus patrones para evitar encuentros con los cánidos domésticos.


Este último punto es uno de los hallazgos más llamativos del estudio. Los zorros mostraron picos de actividad claramente opuestos a los de los perros domésticos — que son principalmente diurnos — y el zorro chilla modificó significativamente su comportamiento en presencia de perros, aumentando su actividad nocturna y reduciendo la diurna. Los perros no solo compiten por recursos: han sido documentados persiguiendo y matando zorros en Chile, y son reservorios de enfermedades como el moquillo canino y la sarna sarcóptica, que han afectado poblaciones de zorros en otras regiones del país.


Entre las especies nativas, un resultado inesperado fue el alto solapamiento temporal entre la güiña y los gatos domésticos de libre movimiento — ambos activos predominantemente de noche — lo que implica una potencial competencia por presas y, más preocupante aún, un riesgo real de transmisión de enfermedades como el virus de inmunodeficiencia felina y la leucemia felina entre ambas poblaciones.


El mensaje del estudio es claro y urgente: la intensificación del uso del suelo no solo reduce el hábitat disponible para los carnívoros nativos, sino que altera el tejido temporal de sus interacciones ecológicas, comprimiendo su nicho horario y aumentando la competencia entre especies que antes podían coexistir con mayor holgura. La conclusión práctica apunta directamente a la gestión de los animales domésticos: mantener perros y gatos bajo supervisión o confinados durante las horas nocturnas podría ser una de las medidas más eficaces y accesibles para aliviar la presión sobre la comunidad de carnívoros nativos de la región.


Referencia:

Gálvez, N., Paola Meniconi, José Infante, and Cristian Bonacic (2021). Response of mesocarnivores to anthropogenic landscape intensification: activity patterns and guild temporal interactions. Journal of Mammalogy, 102(4):1149–1164.

 
 
 

Comentarios


bottom of page