El puma como vecino: actitudes y coexistencia en paisajes ganaderos del sur de Chile
- Jerry Laker

- hace 4 horas
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El puma (Puma concolor) es el felino de mayor distribución en el continente americano, presente desde el Estrecho de Magallanes hasta el Yukón canadiense. A lo largo de ese inmenso territorio, su relación con los seres humanos ha sido siempre compleja: admirado por algunas culturas, perseguido por otras, y temido por casi todas las que deben convivir con él cerca de sus animales domésticos.
Tucker Murphy, estudiante de DPhil de la Universidad de Oxford, y atleta olimpica, en 2007 llegó a Pucon para estudiar esa relación desde una perspectiva de las ciencias sociales, respaldado por un estudio pionero con camaras trampa. El estudio compara las actitudes y la tolerancia de dos grupos de personas que viven con pumas en contextos muy distintos — propietarios de ganado en la región de Pucón, Chile, y stakeholders en Montana, Estados Unidos — con resultados que desafían algunas suposiciones comunes sobre el conflicto humano-fauna silvestre. Sus resultados están descritos en el libro Biology and Conservation of Wild Felids, publicado por Oxford University Press.
La diferencia más inmediata entre ambos contextos es el tipo de contacto que cada grupo tiene con el puma. En Montana, la mayoría de las personas que influyen en las decisiones de manejo de la especie la conocen principalmente a través de los medios de comunicación — periódicos, televisión, relatos de terceros. El análisis de archivos de periódicos montaneses entre 1883 y 2007 revela un patrón consistente: las noticias sobre pumas que llegan a las portadas son casi invariablemente las de conflicto y ataques a personas, mientras que las historias de manejo rutinario o biología de la especie quedan relegadas a las páginas interiores. Esta selección narrativa construye una imagen distorsionada del puma — más peligroso y conflictivo de lo que los datos respaldan — entre una audiencia que raramente lo ha visto en persona.
En Pucón, la situación es radicalmente distinta. El 75% de los propietarios de ganado entrevistados habían observado un puma en libertad, y el 94% conocía a alguien que había tenido contacto directo con uno. La información sobre la especie circula principalmente de boca en boca, no a través de los medios. Y sin embargo, a pesar de esa proximidad — o quizás gracias a ella — la mayoría de los ganaderos chilenos declaró disfrutar de la presencia del puma en el país, aunque no precisamente cerca de su casa.
El hallazgo más relevante del estudio, sin embargo, tiene que ver con los determinantes de la tolerancia. La pregunta central era cuántas ovejas estaban dispuestos a perder los ganaderos al año sin tomar represalias contra el puma. La respuesta media fue menos de una oveja — un umbral muy bajo. Pero lo que resulta verdaderamente significativo es lo que no determinó ese umbral: ni el tamaño del rebaño, ni el valor económico del ganado, ni siquiera haber sufrido ataques previos de pumas. Lo que sí predijo la tolerancia fue el sistema de creencias del ganadero: quienes disfrutaban de la presencia del puma en el entorno eran más tolerantes a las pérdidas, y quienes creían que el puma es señal de un ecosistema saludable mostraban mayor disposición a coexistir con él. La edad también importó: los ganaderos mayores de 40 años mostraron consistentemente menor tolerancia que los más jóvenes.
Este resultado tiene implicancias directas para la conservación. Si la tolerancia depende más de las creencias que de la economía, entonces las estrategias de compensación económica — frecuentemente utilizadas en programas de coexistencia con grandes carnívoros — pueden no ser suficientes por sí solas. Lo que parece importar más es cultivar una relación informada y positiva con la especie: educar sobre su comportamiento real, distinguir los ataques de puma de los de perros ferales — frecuentemente confundidos — y comunicar el papel ecológico que juega como regulador de poblaciones de presas.
En una región donde el puma comparte el paisaje con comunidades humanas que dependen del ganado, y donde las áreas protegidas son insuficientes para albergar poblaciones viables durante todo el año, la coexistencia no es opcional: es la única estrategia posible. Y este estudio sugiere que el camino hacia esa coexistencia pasa, en buena medida, por comprender y trabajar con los valores de las personas que comparten el territorio con el felino más poderoso.
Referencia
Murphy T. and D.W. Macdonald. 2009. Pumas and people: lessons in the landscape of tolerance from a widely distributed felid. The Biology and Conservation of Wild Felids. Ed. David Macodnald and Andrew Loveridge. Oxford: Oxford University Press.




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