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Diarios de un observatorio natural

Socioecología y conservación en los bosques y montañas del sur

Adaptación en los márgenes: cómo la güiña sobrevive en paisajes fragmentados  





En ecología, las especies que no vemos son a menudo las más vulnerables. La güiña (Leopardus guigna), el felino más pequeño de América, pesa apenas dos kilogramos y habita los remanentes de bosque templado del sur de Chile con una discreción que ha dificultado durante décadas su estudio sistemático. El estudio de posdoctorado, realizado por Elke Schuttler en Kodkod desde 2010 y publicado en Mammalian Biology en 2017, logró rastrear a cinco individuos con radiocollares en un paisaje fragmentado, acumulando más de mil localizaciones. Los resultados desafían algunas suposiciones previas sobre esta especie y ofrecen información concreta para su conservación.


El primer hallazgo relevante tiene que ver con el tamaño de los territorios. En paisajes fragmentados, las güiñas mantienen territorios notablemente más amplios que en bosque continuo — un promedio de 623 hectáreas — lo que sugiere que compensan la escasez de bosque nativo expandiendo su rango de movimiento. Esta adaptación tiene un costo: territorios más grandes implican mayor exposición a colisiones con vehículos, conflictos con perros domésticos y cacería por retaliación.


Fig. 1. Study area within the district of Pucón in the Araucanía region of southern Chile. The area is defined by a rectangle around the 95% kernel areas of the home ranges of two males (M) and three females (F).


El segundo hallazgo es quizás el más inesperado. Contra lo que cabría suponer de un especialista forestal, las güiñas no se refugian en el interior profundo del bosque: el 65% de sus localizaciones se registraron dentro de los primeros 50 metros desde el borde del parche forestal. Los análisis confirmaron que los bordes de bosque representan las áreas de mayor idoneidad para la especie. La explicación más probable es alimentaria: los bordes concentran una mayor abundancia de roedores, la presa principal de la güiña en la zona.


El tercer hallazgo aborda la relación entre la güiña y la presencia humana. Lejos de evitar las construcciones, el 60% de las localizaciones se registraron a menos de 200 metros de edificaciones. Esta tolerancia puede facilitar el movimiento en paisajes rurales, pero también expone a los animales a lo que los ecólogos denominan una "trampa ecológica": la atracción hacia zonas con mayor disponibilidad de presas que simultáneamente concentran los principales factores de mortalidad de la especie.


En cuanto a la selección de parches forestales, las güiñas prefieren parches de forma alargada que maximizan la longitud del borde disponible. Parches de menos de 50 hectáreas fueron utilizados de forma marginal, y este umbral tiene implicancias directas para la planificación del uso del suelo en áreas privadas.


Estos resultados reencuadran la conservación de la güiña como un problema de escala paisajística. Las áreas protegidas de la región se ubican por encima de los 800 metros de altitud, mientras que la actividad registrada en este estudio se concentró en las tierras bajas privadas. La especie depende de decisiones que se toman fuera de los límites de cualquier parque: el mantenimiento de corredores riparios, la retención de parches forestales en predios agrícolas, y la gestión de animales domésticos en el entorno rural. La güiña es una especie adaptable, capaz de negociar con un paisaje profundamente transformado — pero esa capacidad tiene límites estructurales claros, y reconocerlos es el primer paso para actuar a tiempo.


Referencia

Schüttler E., Klenke R., Galuppo S., Castro R., Bonacic C., Laker J., Henle K.. Habitat use and sensitivity to fragmentation in America's smallest wildcat. Mammalian Biology. 2017;86(1):1-8. 15.

 
 
 

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