top of page
kk-logo.png
Diarios de un observatorio natural

Socioecología y conservación en los bosques y montañas del sur

Cuantos pumas pueden vivir en un paisaje humano?

  • Foto del escritor: Jerry Laker
    Jerry Laker
  • 31 dic 2019
  • 3 min de lectura

Actualizado: 11 jun



En la cuenca del río Liucura, donde los bosques nativos se alternan con praderas, caminos rurales y asentamientos humanos, vive uno de los grandes felinos más adaptables del planeta. El puma (Puma concolor) es el carnívoro de mayor distribución en América, pero su presencia en paisajes fragmentados y dominados por la actividad humana estaba, a comienzos de la década de 2000, pobremente documentada.


Un estudio realizado en 2007 por Tucker Murphy, candidato de DPhil de la Universidad de Oxford, proporcionó la primera estimación de densidad de pumas en ambientes fragmentados en Chile.


El estudio desplegó cámaras trampa durante tres meses en un área de aproximadamente 170 km² a lo largo de la cuenca del río Liucura, desde Lodge Kodkod hasta el Santuario Llancalil, en terrenos privados. Se instalaron 18 sitios de cámara trampa, espaciados entre 2 y 3 kilómetros para garantizar la independencia estadística entre capturas, e identificando individualmente a los animales fotografiados mediante sus rasgos físicos únicos. A lo largo de 1.258 noches-trampa, el equipo identificó seis pumas independientes y registró 17 eventos de captura. La densidad estimada fue de 3,5 individuos por cada 100 km² — comparable a la registrada en áreas protegidas de bosques tropicales.


¿Cómo logra el puma persistir a esas densidades en un paisaje tan transformado? El estudio identificó dos factores clave. El primero es la disponibilidad de presas. En ausencia de poblaciones abundantes de guanacos o pudús — cuyas poblaciones han declinado en la región — los pumas de la zona han incorporado la liebre europea (Lepus europaeus) como presa principal, representando más del 44% de su dieta. Esta especie introducida, abundante en praderas y bordes de bosque, proporciona una base alimentaria que compensa en parte la pérdida de presas nativas.


El segundo factor es la gestión del tiempo. Los pumas compartieron casi todos los senderos con personas, pero lo hicieron en momentos distintos. Su actividad fue predominantemente nocturna y crepuscular, con picos entre las 4:00 y las 8:00 de la mañana y entre las 16:00 y las 20:00 horas — horarios que se solapan mínimamente con la actividad diurna de los humanos. Más revelador aún: en zonas con mayor densidad de construcciones humanas, los pumas se volvieron más nocturnos, ajustando activamente su comportamiento para minimizar el encuentro con personas. Esta evitación temporal, más que la evitación espacial, parece ser la estrategia central que permite la coexistencia.


El estudio también documentó que la tolerancia de los propietarios de ganado es un factor determinante. Las pérdidas de animales domésticos atribuidas al puma fueron relativamente bajas en la zona, y casi la mitad de los ganaderos entrevistados declaró tolerar la pérdida de una a tres ovejas al año sin tomar represalias. Esta disposición a convivir — frágil, pero real — es tan importante para la viabilidad del puma como la disponibilidad de presas o la cobertura forestal.


La cuenca del Rio Luicura, con su combinación de bosque antiguo conservado, praderas en recuperación y ríos que actúan como corredores naturales, representan exactamente el tipo de paisaje que este estudio identificó como crítico para la persistencia del puma fuera de las áreas protegidas. Casi veinte años después de este trabajo pionero, la investigación sigue siendo relevante: confirma que la conservación de fragmentos forestales de al menos 700 hectáreas, la tolerancia activa de los propietarios de tierras y el mantenimiento de una base de presas suficiente son las condiciones mínimas para que el puma siga siendo parte viva de estos paisajes.


El informe original para este articulo forma parte de la tesis de DPhil de Tucker Murphy.



 
 
 

Comentarios


bottom of page